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Alfonso Ruelas
Filosofía y ética

Boecio y los bienes prestados: dinero, poder, fama y el precio de la integridad

Para Boecio, la riqueza, los cargos, el poder, la fama y el placer prometen felicidad y no la cumplen. Lo que escribió en su celda, y por qué un auditor lo sigue leyendo hoy.

Por · · 6 min de lectura

Portada del artículo sobre Boecio y los bienes prestados

Hace unos días escribí sobre Boecio, la rueda de la fortuna y el libre albedrío. Me quedé con ganas de más, porque en La consolación de la filosofía hay una parte que me toca muy de cerca: la que habla del dinero, el poder, los cargos, la fama y el placer. Lo que casi todos perseguimos. Y lo que, en más de veinticinco años de auditorías, he visto que lleva a mucha gente a perderlo todo.

El hombre que no quiso quedarse callado

Antes de hablar de lo que escribió, vale la pena ver cómo vivió. Boecio no era un filósofo de escritorio. Era el funcionario de más confianza del rey Teodorico, y desde ese puesto pudo haberse hecho de la vista gorda como tantos.

No lo hizo. En el primer libro de la Consolación cuenta que se enfrentó a funcionarios poderosos de la corte que abusaban de su posición para quedarse con bienes ajenos. Durante una hambruna en Campania, se opuso a una compra forzosa de grano que iba a dejar en la ruina a la gente de la provincia, y la detuvo. Defendió a senadores de los que los cortesanos querían apropiarse. Y al final defendió a Albino, acusado de traición, sabiendo lo que se jugaba.

Esa integridad le costó la vida. Los mismos a los que había estorbado fueron los que testificaron en su contra.

Cuando leo eso pienso en algo que he visto muchas veces en mi oficio: el que denuncia un abuso dentro de una organización casi nunca sale ganando en el corto plazo. Pero es el único que puede dormir tranquilo.

Los cinco bienes que prometen felicidad

En el tercer libro, la Filosofía le hace a Boecio una pregunta muy sencilla: ¿qué buscan todos los hombres? Y responde: la felicidad. Lo que pasa es que la buscan por caminos equivocados. Enumera cinco:

  • La riqueza, porque creemos que nos dará suficiencia, no necesitar de nadie.
  • Los cargos y honores, porque creemos que nos darán respeto.
  • El poder, porque creemos que nos dará seguridad.
  • La fama, porque creemos que nos dará reconocimiento.
  • El placer, porque creemos que nos dará alegría.

Lo interesante es que Boecio no dice que estas cosas sean malas. Dice algo más fino: cada una promete una parte de la felicidad y no la cumple. Y lo demuestra una por una.

La riqueza que nunca alcanza

El rico cree que con dinero ya no necesita nada. Pero en cuanto lo tiene, necesita cuidarlo. Necesita protección, abogados, contadores, guardias. El dinero, dice la Filosofía, no quita la necesidad: la cambia de lugar.

Esto lo veo todos los días. He auditado empresas de dueños muy ricos que vivían con más angustia que cualquiera de sus empleados. Y muchos fraudes que he investigado no los cometió alguien que necesitaba el dinero, sino alguien que ya tenía mucho y quería más.

Los cargos no hacen digno a nadie

Sobre los puestos y honores, Boecio dice algo que deberían leer todos los consejos de administración: el cargo no vuelve digno a quien lo ocupa. Al revés, cuando lo ocupa alguien sin virtud, lo único que hace el cargo es exhibir su indignidad ante más gente.

Un puesto alto no te da respeto. Te da visibilidad. Y la visibilidad, para el que no está a la altura, es una lupa.

El poder que vive con miedo

Para hablar del poder, Boecio recuerda la historia del tirano que, para mostrar cómo era su vida, sentó a un invitado bajo una espada colgada de un pelo de caballo. Así vive el poderoso: rodeado de guardias porque tiene miedo, y con miedo porque tiene poder.

Y añade algo que me parece muy actual: el poderoso depende de los que lo rodean, y muchas veces los que lo rodean son justamente los que lo traicionan. Boecio lo sabía de primera mano.

La fama es más chica de lo que creemos

Sobre la fama, la Filosofía le pide a Boecio que haga una cuenta. La Tierra, comparada con el universo, es un punto. De ese punto, solo una parte está habitada. De esa parte, solo una fracción te conoce. Y de esos, solo algunos hablarán bien de ti, y por poco tiempo. Cuando te mueres, la fama ya no te sirve de nada.

Lo escribió hace quince siglos y hoy aplica perfecto a las redes sociales. Mucho esfuerzo por un reconocimiento que dura lo que tarda la gente en dar el siguiente clic.

El placer que termina en tristeza

Del placer dice poco y lo dice claro: casi todos los placeres terminan en cansancio o en arrepentimiento. Lo que se disfruta sin medida acaba cobrando la factura. Y lo dice alguien que vivió entre lujos.

Entonces, ¿dónde está la felicidad?

La respuesta de Boecio es que la felicidad verdadera reúne todo lo que esos cinco bienes prometían y no cumplían: suficiencia, respeto, seguridad, reconocimiento y alegría. Pero juntos, no por separado. Y eso solo se encuentra en el bien supremo, que para él es Dios, y que en nosotros se refleja en la virtud.

Dicho de otra forma: el que es íntegro ya tiene lo que los demás buscan con el dinero y el poder. No necesita más porque no le falta nada esencial. Lo respetan por lo que es, no por su puesto. No tiene miedo porque no tiene nada que esconder.

No hace falta ser creyente para entender la lección. Basta con haber visto de cerca a alguien que lo tenía todo y vivía con miedo, y a alguien que tenía poco y vivía en paz.

Boecio escribió esto en una celda, sin dinero, sin cargo, sin poder y con su fama destruida. Y fue ahí donde entendió qué era lo único que nadie le podía quitar.

Lo que dejó Boecio

Su influencia fue enorme. Durante toda la Edad Media, La consolación de la filosofía fue uno de los libros más copiados y leídos después de la Biblia. Lo tradujeron al inglés antiguo el rey Alfredo el Grande y, siglos después, Geoffrey Chaucer. Dante lo puso en el Paraíso, entre los grandes sabios. Fue Boecio quien llamó quadrivium a las cuatro disciplinas matemáticas que se enseñaron por mil años: aritmética, geometría, música y astronomía. Y su definición de persona, como sustancia individual de naturaleza racional, se sigue citando en filosofía y derecho.

Sus restos descansan en Pavía, en la iglesia de San Pietro in Ciel d'Oro, donde se le venera como San Severino Boecio.

Lo que me llevo

En mi oficio veo todos los días lo que pasa cuando alguien pone el dinero, el puesto o el poder por encima de su integridad. Los números siempre terminan contando la historia. Y casi siempre es la misma: alguien que creyó que con un poco más iba a estar tranquilo, y terminó perdiendo lo que tenía, empezando por su nombre.

Por eso Boecio me parece tan vigente. No nos pide renunciar al dinero ni al éxito. Nos pide no confundirlos con la felicidad. Y nos recuerda que la independencia de criterio, la que tiene que tener un auditor o un perito frente a quien sea, no es solo una regla profesional. Es la forma más sólida de ser libre.

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